Hola, soy Alessa y tengo 10 años.
Hoy quiero contarte cómo empecé en la paleta frontón — porque no fue fácil, pero tampoco me arrepiento.
Una raqueta de plástico en la sala de casa
Todo empezó antes de los 5 años. Cuando tenía casi 4 años mi papá me compró una raqueta de plástico — no era de paleta frontón de verdad, pero yo la usaba en la sala de mi casa. La terminé rompiendo de tanto jugar con ella.
Siempre quise acompañar a mi papá cuando iba a jugar. Le pedía que me enseñara. Y cuando cumplí 5 años me llevó a una cancha cerca de casa. No era una cancha bonita — tenía huecos en el piso y no era oficial. Pero ahí fue donde toqué por primera vez una paleta de verdad.
La paleta pesaba demasiado
Al principio no podía ni sostenerla bien. La paleta es pesada para una niña de 5 años — incluso la más liviana que encontramos me pesaba mucho. Mi brazo se cansaba rápido y a veces me frustraba porque la pelota no iba donde yo quería.
Pero mi papá siempre estaba ahí. Él me enseñó todo — el drive, el revés, el saque. Entrenamos juntos cada fin de semana. Solo sábado y domingo, máximo hora y media cada día. No es mucho tiempo, pero lo aprovechamos.
No rendirse cuando nada sale bien
Lo más difícil para mí fue no rendirme cuando las cosas no me salían. Hubo días en que quería parar porque nada me salía bien. Pero mi papá tenía mucha paciencia conmigo y eso me ayudó a seguir intentándolo.
El debut oficial
Hoy tengo 10 años y ya competí en mi primer torneo oficial. Gané mi primer partido. También jugué contra una de las mejores de mi categoría y aunque no gané, aprendí muchísimo.
Todavía me falta mucho por aprender. Mi recepción cerca al bote ya va mejorando pero la lectura de juego todavía la estoy trabajando. Mi papá dice que eso llega con la experiencia y con más partidos.
Si tú también quieres empezar
- No importa si la cancha no es perfecta. Lo importante es empezar.
- No importa si la paleta te pesa al inicio. Con el tiempo te acostumbras.
- No te rindas cuando algo no te sale. Repítelo hasta que salga natural.
- Si puedes entrenar con tu papá o tu mamá — Es lo mejor que te puede pasar.
Nos vemos en la cancha. 🎾
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